Si eres productor, tostador o simplemente alguien que disfruta una buena taza, seguro lo has notado: el precio del café sube y baja con fuerza, a veces sin previo aviso. Y no, no es casualidad. El café es un producto vivo, global y profundamente sensible a lo que pasa en el mundo. Detrás de cada variación hay una historia que vale la pena entender.

Aunque el café se cultiva en regiones muy concretas, su precio se define a escala internacional. Para el café arábica, como el colombiano, la principal referencia está en la Bolsa de Nueva York. Ese valor funciona como un punto de partida global y termina influyendo, de una u otra forma, en lo que reciben productores, exportadores y, finalmente, en lo que paga el consumidor.

Uno de los grandes motores del precio es la cantidad de café disponible en el mundo. Cada año, los principales países productores informan cuántos sacos esperan cosechar. Cuando el mercado percibe abundancia, los precios suelen relajarse. Cuando aparecen señales de menor producción, el precio reacciona al alza, incluso antes de que el café falte realmente. En este escenario, Brasil tiene un peso enorme: cualquier cambio en su cosecha se siente casi de inmediato en el mercado.

En el último ciclo cafetero global, la producción mundial de café se ubicó alrededor de 178,8 millones de sacos de 60 kg, un nivel histórico impulsado por aumentos en regiones como Asia y África, aunque con variaciones en Brasil y Colombia. Al mismo tiempo, el consumo mundial también alcanzó cifras récord, con alrededor de 173,9 millones de sacos, ¡está muy parejo! Además, que existe una tendencia de crecimiento sostenido en la preferencia por el café en diversos países.

Ahora bien, el clima también juega un papel clave. Heladas, sequías, lluvias intensas o fenómenos como El Niño pueden alterar las expectativas de producción. Muchas veces no es el daño real lo que mueve el precio, sino la posibilidad de que ocurra. En el mundo del café, la expectativa también tiene valor.

Esta dinámica global termina reflejándose a lo largo de toda la cadena, tanto en el productor, como en el tostador y claro, en el consumidor final, donde tal vez, allí, al final de la cadena, es donde los movimientos se sienten con mayor intensidad. Cuando los precios internacionales suben de manera sostenida, los costos del café verde aumentan para tostadores y marcas, lo que puede traducirse en ajustes graduales en el precio de la bolsa de café, en una menor frecuencia de promociones, en cambios en presentaciones y orígenes disponibles o la vieja confiable, en la calidad del producto ofrecido, y es que hay rumores que los más inescrupulosos, mezclan cascarilla de arroz junto con pasilla de café, para abaratar costos.

Toda esta dinámica global termina reflejándose en Colombia. El precio interno del café se construye combinando el precio internacional, la tasa de cambio, la prima del café colombiano por su calidad y los costos internos. Al final, el precio del café no es solo un número. Es el resultado de decisiones globales, condiciones climáticas, hábitos de consumo y del trabajo diario de miles de caficultores.

Entender esto ayuda a valorar que detrás del precio de una taza hay mucho más que un simple costo: hay una cadena completa tratando de equilibrar calidad, sostenibilidad y acceso para todos.

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